Capítulo 11

septiembre 20, 2010 at 2:26 am 9 comentarios

¡Hola! 🙂 Traemos otro capítulo. Esperamos que disfruten. Saludos a todos.

Tercera Parte

Capítulo XI

 

Lucas terminó de comer y cruzó los cubiertos en su plato. Se habían quedado en silencio pero Pedro lo estaba mirando. Tenía que hablar de algo distinto, su charla se había puesto muy intensa sin ningún esfuerzo.

—Quiero preguntarte algo… pero algo profesional —alzó la vista para ver a Pedro —. ¿Te gustaron las fotos que sacaste? Es decir… ¿te parece que sirvo para esto?

Pedro regresó de su ensueño para pensar en la pregunta de Lucas.

—Eres hermoso —dijo, antes de poder controlar sus palabras, y al instante enrojeció —. E-es decir, eres fotogénico, la cámara te adora. S-sólo necesitas más experiencia, más naturalidad… —ya no sabía ni qué decir para cubrir su metedura de pata.

Lucas estaba del color de un tomate. En todo el tiempo que habían estado juntos, años atrás, Pedro nunca le había dicho tantas cosas cálidas de golpe, incluso le costaba decirle “te quiero”. Ahora le había dicho “te extrañé” y “eres hermoso”. El estómago le hacía cosquillas, la cabeza le zumbaba y su sangre estaba hirviendo. Pedro tenía que parar o iba a hacerlo de nuevo.

Se oyeron relámpagos, tras el ventanal del bar podía verse el cielo teñido de un gris petróleo.

—Gracias —respondió Lucas intentando sonar tranquilo —. Supongo que tengo que practicar eso de ser natural. Nunca fui muy natural —continuó hablando como si no hubiera oído el desliz de Pedro.

Se acercó entonces el mesero, preguntando si deseaban algo más, y cuando Pedro estaba por responder que no, oyeron el rugido de la lluvia.

Los tres se quedaron callados y, luego de ver la calle y el cielo, Pedro miró a Lucas. Todavía estaba rojo, pero Pedro agradecía que hubiera ignorado su comentario, que estaba del todo fuera de lugar.

—¿Te parece si tomamos algo más mientras baja la lluvia?

—¡Una cerveza, por favor! —pidió Lucas de golpe, mirando al mesero —. Ah y, ¿tiene alguna lista de tragos? —necesitaba algo fuerte urgente.

Todavía medio pasmado, Pedro pidió otra cerveza y en cuanto el mesero se fue, miró a Lucas, extrañado.

—No te gustaba la cerveza.

—No mucho… pero sí tomo cerveza. Además para empezar está bien —Lucas se recostó en la silla, mirando la lluvia que caía afuera. Acababa de delatar que tenía deseos de alcoholizarse.

—Bueno, pero la tomas. Antes ni eso… —volteó hacia la lluvia, siguiendo la mirada de Lucas.

Tenía un “¿te acuerdas?” en la punta de la lengua, pero no iba a usarlo, no ahora. Ya era demasiado como estaban las cosas y Pedro hacía esfuerzo por ignorar las ganas de acercarse más a Lucas.

El mesero llegó y puso una botella en la mesa con dos tarros. También les prestó la carta de bebidas y esperó a un lado pacientemente.

Lucas miró la carta pero no estaba prestándole atención. Se había quedado pensando en lo que le había dicho Pedro. Levantó la mirada con un gesto retador.

—Tomé cerveza con vos un par de veces. Y tomé cosas mas fuertes cuando osabas retarme —miró al mesero—. Quiero un vaso de vodka. Sólo, con hielo —le entregó la lista, sonriendo.

Pedro alzó las cejas. A decir verdad no se acordaba que Lucas sí tomaba cerveza con él. En sus recuerdos, Lucas siempre había sido muy fresa para las bebidas. Aparentemente, o recordaba mal o su ex novio había cambiado en estos años, lo cual si lo pensaba bien era lógico.

—Que sean dos —dijo, aceptando el reto implícito —. Pero nos quedamos con esta —agregó, apartando su menú hacia un lado.

Lucas apoyó las manos en la mesa y acercó el rostro a Pedro. De repente se estaba divirtiendo.

—No me pongas esa cara. Tomé cerveza en tu casa, estando ebrio. Tomé tequila la vez que salimos al pool, y hasta donde yo me acuerdo, no fui el único que terminó destruido, porque tomamos mucho.

Pedro se rió de buena gana, recordando. Claro, era cierto. También era cierto que en esas dos ocasiones no habían terminado sólo “destruidos”. Habían fajado hasta sacarse las ganas.

—Hace mucho no tomo así… —dijo, casi nostálgico.

Lucas estuvo tentado de preguntar “¿por qué?”, pero algo le dijo que no iba a querer saberlo.

—Es mejor así. No está bueno emborracharse siempre —sí era cierto que Pedro antes tomaba mucho y cuando no estaba ebrio estaba drogado —. Salud —dijo, alzando su tarro de cerveza.

Pedro brindó, todavía con la sonrisa nostálgica en el rostro y bebió un traguito primero, luego probó un poco más y se lamió los labios.

—Está buena —dijo, por llenar el silencio.

Lucas siguió tomando, intentando no mirar a Pedro a los ojos. Pero a veces simplemente no podía y conforme bajaba la cerveza su cabeza iba obnubilándose. Pedro tenía razón en algo: Lucas era débil para tomar alcohol. Ahora más que nunca.

Cuando quiso enterarse tenía la cabeza apoyada en su mano, mientras miraba a Pedro hipnotizado.

—Estás muy callado —dijo, y pestañó —. Quiero que me cuentes por qué estás tan incómodo… como si fuera un amigo… Porque ahora somos amigos, ¿no? —se sirvió otro vaso de cerveza —. Los amigos son más confiables que cualquier otra cosa —era muy rápido saber cuándo el alcohol comenzaba a hacer efecto en Lucas porque enseguida empezaba a soltar la lengua.

Pedro se volvió a lamer los labios, una y otra vez y miró a Lucas a los ojos. A su estómago le pasaban cosas graciosas cuando veía esos ojos fijamente, así que iba a ser mejor evitarlo.

—Sabes que no puedo decírtelo, aunque… aunque sí somos… amigos.

—Me gustaría que pudieras… enserio, me gustaría que pudieras decirme todo, sin sentirte mal. No hay muchas personas con las que alguien pueda hacer eso…

Llegaron los vodkas y Lucas olió su vaso, haciendo gesto de “esto esta fuerte”.

Pedro ni lo olió, se tomó un trago sin pensarlo y miró a Lucas. Sus manos se sentían frías y estaban temblando.

—No creo que de verdad quieras saber —sonrió, avergonzado.

—Sí quiero saber —Lucas tomó su primer trago de vodka y la garganta le ardió —. No estás engañando a tu pareja porque te gusta otra persona, eso siempre sucede… Hay muchas personas lindas en el mundo como para mirar a una sola —se estaba desinhibiendo hasta lugares que había querido evitar.

Pedro abrió la boca. Eso era más descaro del que él imaginaba posible en Lucas. Claro, que hacía tres años que no lo veía… Tomó otro trago. ¿Qué más daba, si Lucas ya lo sabía?

—Me gustas, sí, me gustas mucho —declaró, intentando que fuera en voz baja y sin denotar mayores sentimientos.

—Pero… no tenés que estar incómodo conmigo sólo por eso. No quiero que estés incómodo. Por eso quiero que seamos amigos… para que podamos llevarnos bien —Lucas tomó otro trago e intentó ocultar su gesto de asco. No sabía cómo iba a terminar eso, pero no quería que Pedro siguiese recordándolo como un gallina —. Además a vos también te pareció buena idea, ¿no? Me lo dijiste hoy temprano.

Pedro se rió y volteó hacia las otras mesas, para evitar ver a Lucas. Era fácil decirlo para Lucas, quien seguramente no sentía por él esa atracción desmedida que él sentía por el rubio.

—Tú no entenderías cuánto me gustas —susurró, más bien para sí mismo —. Sí… lo mejor es que seamos amigos y que no te tomes eso si no te gusta.

Lucas sonrió. Se sentía seguro otra vez. No quería que Pedro se alejara de él por sentirse atraído y no querer dañar a su pareja. Para estar al lado de él valía el sacrificio. Aunque, por otro lado, ¿cuánto estaría dispuesto a aguantar?

—Claro, ser amigos está bien. Después de todo la persona de la que te enamoraste una vez puede no ser la misma luego de tres años —su mirada se puso algo triste mientras miraba movía el vaso y miraba el hielo que estaba dentro—. Las personas cambian mucho…

—Puede ser —confirmó Pedro, con la voz igualmente triste—. Los dos hemos cambiado mucho…

Le quitó el vaso de las manos a Lucas y lo alejó en la mesa. Tal vez era hora de buscar un taxi para irse de ahí. La lluvia no tenía para cuándo acabar.

Lucas estiró el brazo para agarrar su vaso, pero Pedro volvió a corrérselo. Se sentía extraño, en general siempre había sido Lucas el que le corría los vasos a Pedro para que dejara de beber.

—No estoy ebrio —afirmó, intentando mantenerse serio.

—No es porque estés ebrio. Es porque nos estamos poniendo tristes…

Pedro juntó ambos vasos y los hizo a un lado.

—¿Quieres que pida la cuenta?

—No estoy triste —respondió Lucas enseguida, aunque tenía los ojos acuosos, pero bien podía ser por efecto del alcohol. No quería pedir la cuenta, ni quería irse, quería quedarse ahí, con Pedro —. Enserio, estoy bien —miró afuera. La lluvia había parado un poco. Maldita lluvia — Tenés que irte, ¿no? ¿Querés llamar a un taxi? —Lucas buscó el celular torpemente en los bolsillos de su jean y se lo ofreció.

Pedro tomó el celular, suspiró y se cambió de asiento para la banca donde estaba Lucas.

—Piensa un segundo lo que acabas de decir y niega que estás mal. No voy a irme a ningún lado… Me espero a que se quite la lluvia y a que tú estés mejor… Lucas, no llores.

Lucas frunció el ceño. Primero porque acababa de acordarse que no tenía el número de ningún taxi en su celular, porque allá no se acostumbraba (al menos nunca había visto que lo hicieran) llamar taxis por teléfono, eso lo hacía mucho en Argentina. Segundo porque…

—Pedro —Lo miró serio —, no estoy llorando… —aunque en realidad no lo sabía. Por ahí estaba llorando sin razón aparente y no se daba por enterado—. ¿Estoy llorando? —se tocó las mejillas pero no las sintió mojadas—. No estoy llorando —repitió.

—Tienes los ojos llorosos —susurró y le pasó una servilleta —. Lucas… no sé qué decir —agregó, aunque estaba de más. Se quedó sentado junto a él, recargando la espalda en la banca.

—Estoy bien… estoy muy bien… ense… —de repente se tapó la boca y empezó a tambalearse en la silla—. Bueno, creo que no tan bien…

—¿Lucas? Ay, no…

Al ver que había perdido color, Pedro no perdió tiempo en levantar al argentino por un brazo y jalarlo hasta el baño a toda prisa. Una vez ahí lo ayudó a buscar un cubículo desocupado y lo hizo entrar.

—Tranquilo, vomítalo todo y vas a estar bien —susurró, acariciándole la espalda mientras le hacía gestos para que se arrodillara.

Lucas hizo lo que pudo para aferrarse al inodoro pero entonces miró a Pedro de nuevo.

—Esperá, no… no quiero vomitar… estoy bien… —tuvo que entrecerrar los ojos para verlo bien—. Sólo estoy un poco mareado… porque tomé de golpe o algo…

—¿Seguro? —preguntó Pedro, realmente dudoso—. No te ves muy bien.

Se arrodilló junto a él y lo observó, todavía con la mano en su espalda, intentando calmarlo.

—Enserio —frunció el ceño —, no sé por qué… por qué me pegó así, tan rápido. Hacía… mucho que no me pasaba —miró el inodoro otra vez —. Pero puedo llegar a mi casa solo y eso, no te preocupes. Esperá un segundo que… me pueda parar —cerró los ojos y respiró hondo.

—Shhh —susurró Pedro, acariciándole ahora el cabello —. Ya está, va a pasar, tómate tu tiempo. Es que no habías comido nada en todo el día, por eso te pegó…

A Pedro le daba ternura hasta cierto punto, ver a Lucas mareado por tan poco, como le pasaba antes. Pero también lo preocupaba.

—Acabé de comer, ya tenía el estómago lleno. No, vos me tiraste algo, vos me embrujaste… —dijo, abriendo un ojo a ver si las cosas dejaban de darle vueltas —. Si he tomado más que ésto y no estaba tan mareado.

—Jaja, sí, claro, échame a mí la culpa…

Iba a decir más pero entonces alguien entró al baño y aunque sólo se quedó en los mingitorios, Pedro alcanzó la puerta y la cerró para darle a Lucas privacidad ahora que se sentía tan mal.

—No me gustaría haber estado ahí cuando tomaste más —dijo, como en broma, todavía medio triste.

—Pero no estaba assí, enserio —su voz sonaba más ebria que antes y arrastraba las palabras —. Sé que te va a parecer tonto porque nunca me viste sobrio después de tomar…, pero insisto en que vos me ponés así. Todas las veces que me pasó, así de rápido, siempre estuve con vos… Y no es justo —se arqueó de nuevo y puso los brazos en la taza del inodoro para apoyar la cabeza—. Soy patético…

—No digas eso… —Pedro siguió pasando la mano por su cabello lentamente-. No digas eso, claro que no eres patético… Te creo, en serio. Y perdón si es mi culpa que te pongas así… no es mi intención ni nada… —Suspiró.

A Lucas le faltaba ronronear. Le gustaba mucho eso que le hacía Pedro y sentía que iba a quedarse dormido.

—No tenés la culpa… —su voz retumbó en las paredes del inodoro—, bah, sí tenés la culpa… pero te perdono… —en esa posicion las cosas le daban vuelta peor, ya no sabía cómo ponerse para que se le pasara —. ¿Habrá parado de llover?

—No sé, no se oye desde aquí. Pero si ya paró te voy a buscar un taxi, ¿te parece? ¿Lucas? No te duermas..

Pedro sonrió, porque Lucas estaba hecho un niño. No parecía borracho, parecía un niño que ha tomado mucha leche y que va a quedarse dormido.

Lucas alzó la cabeza de golpe.

—¡Un taxi! —intentó levantarse rápido—. Sí, dale, un taxi —pero ni bien se puso de pie se tambaleó y tuvo que agarrarse de la pared.

Pedro suspiró de nuevo, se levantó y sostuvo a Lucas por arriba de la cintura.

—No hagas eso, tonto. Vamos lento, ¿sí? Me avisas cuando se te pase el mareo… ¿Sigues viviendo donde antes? Eso no está muy cerca.

Lucas negó con la cabeza.

—No… no está cerca… no… —el cuerpo de Pedro se sentía calentito. Con la excusa de agarrarse de él se dio vuelta y lo abrazó, por el pecho, hundiendo la cabeza en la camisa de Pedro—. En un taxi llego rápido. Pero no tiene que ver que estoy ebrio o no me va a querer llevar —su cabeza daba vueltas y más vueltas —. Esperá, acá hay menos luz… ahora salimos…

—Tranquilo. Tú no te preocupes por nada, no hay prisa. Yo me encargo de todo. En cuanto te sientas mejor, yo veo que llegues a tu casa. Tú tranquilo —siguió hablándole, aunque no sabía si repetitivamente o si sus palabras tenían sentido para Lucas, sólo quería transmitirle paz.

Pedro le puso el cabello tras la oreja y luego le acarició la nuca y lo sostuvo con firmeza.

—No me hagas así —rogó Lucas. Más que nada porque lo volvía loco que le tocaran la nuca y lo excitaba. Pero se estaba relajando y empezaba a pasarse el mareo, aunque seguía ebrio.

—Perdón —dijo Pedro y paró, bajando la mano a los hombros de Lucas—. Perdón, ¿te molesta? Perdón.

Lo siguió sosteniendo, pero se abstuvo de cualquier caricia que pudiera molestarlo.

Lucas alzó la cabeza. Sus ojos estaban brillantes de éxtasis.

—Me excita —le dijo sonriendo y después intentó moverse hasta la puerta para abrirla.

Pedro abrió mucho los ojos y prácticamente lo soltó de golpe, ruborizado. Eso… eso había sido muy directo y lo había dejado impactado.

—Pe-perdón… V-vamos, te consigo el taxi…

Lucas abrió la puerta y caminó tocando los alrededores con sus manos. Se tomó de la mesada.

—Mi mamá… no me puede ver así, Pedro… no a las siete de la tarde, es muy temprano… ¿Qué hago? —miró a Pedro con angustia, esperando que él estuviera lo suficientemente lúcido como para darle idearle algo.

—Ey, no te preocupes. No te va a ver así… no te tienes que ir a tu casa ahora mismo. No te voy a mandar así. Hasta que te sientas mejor… Vamos, te pido un refresco o algo y nos quedamos aquí hasta que se te baje un poco. ¿Te parece bien?

Pedro le dio palmaditas en los hombros, intentando cuidarse para no parecer acosador.

—No… no quiero quedarme acá, la gente me mira raro —respondió Lucas -. No, mejor me tomo un taxi y me voy a casa y me escondo en la habitación… sí, eso voy a hacer —salió del baño en zig zag -. O sino me subo por la ventana… si bajo por ahí ¿por qué no puedo subir? —salió del pasillo hacia donde estaban las mesas, buscando en cuál estaban sentados.

Pedro salió tras él, lo agarró por la cintura y lo llevó hasta la mesa, lo ayudó a sentarse y llamó al mesero para pedir la cuenta.

—Si no te gusta aquí te llevo a otro lugar, pero no voy a dejar que te vayas solo como estás. Y menos con ideas tontas de subirte por la ventana… ¿no te acuerdas lo que pasó la última vez que usaste la ventana y no la puerta? Tienes que dejar de hacerlo… te vas a lastimar… —bajó la vista avergonzado por parecer una madre regañona—. No te vas a ir así. Y es la última palabra.

Lucas se había quedado mirando a Pedro como idiota otra vez. Le gustaba el tono de voz que ponía cuando le ordenaba cosas.

—No quiero ir de bar en bar… enserio, quiero irme a mi casa y acostarme. Si no, nos quedamos acá y punto. Pedíme un café a ver si me baja —miró su vaso de vodka -. Pero antes terminemos ésto porque es un desperdicio —y empezó a beber lo que le quedaba.

Pedro le quitó el vaso de las manos, aunque demasiado tarde porque Lucas se había bebido el vodka como agua, y lo miró, muy enojado.

—¡Lucas! ¿No ves como estás ya?

El mesero llegó con la nota y Pedro sacó su cartera y pagó. Mientras esperaba el cambio, vigilaba a Lucas y pensaba qué podía hacer para que Lucas no llegara borracho a su casa. La opción era dejarlo dormir la borrachera y que se levantara mejor. Pero claro, Pedro no podía llegar con Lucas a su departamento. Sacó su celular y marcó un número.

—¿Tavo? Oye, un favorsote… ¿Estás en tu departamento?

“Mh, no, pero podría estarlo”, se oyó la voz a través del auricular “¿Dónde estás? ¿Qué pasó?”

Mientras Pedro hablaba por teléfono, Lucas vaciaba su billetera en la mesa.

—No me dejaste pagar —protestó.

Pedro negó con la cabeza y comenzó a guardar el dinero de Lucas mientras sostenía el celular con su hombro.

—Estoy… es complicado. Necesito un lugar donde… llevar a alguien. Está muy borracho y no puede llegar a su casa… Ayuda, por favor —rogó-. Por favor. Deja ya eso —le dijo a Lucas, finalmente metiéndole la billetera en los pantalones de golpe.

—¿A quién estás llamando? —preguntó Lucas, algo alterado—. No quiero que me vean así, colgá, Pedro… Me voy a mi casa…

“Ah, dale, tengo algo de viaje hasta mi casa, pero llego en veinte minutos. ¿Querés ir yendo para allá? “, dijo Gustavo, “¿Está muy ebrio?”

Lucas se agarró la cabeza.

—Soy patático… digo,… pa-te-ti-co… patético… ahí está…

—Muy, muy ebrio —respondió Pedro —. Te veo ahí en veinte minutos. Gracias, eres un amor.

Colgó el teléfono apenas a tiempo para detener a Lucas, recibir el cambio y llevarlo prácticamente cargando por la cintura hasta la avenida. Afuera del restaurante seguía lloviendo, así que se tuvieron que mojar antes de conseguir un taxi vacío. Una vez dentro, Pedro le dio la dirección de Gustavo y se pasó el resto del viaje tratando de bajarle la histeria a Lucas.

—Tranquilo, es un amigo, sólo quiero que tengas un lugar para que descanses y luego te vas a tu casa…

—¿Amigo? —Lucas pestañeó—. ¿No va a abusar de mí? —se empezó a reír.

Pedro miró al taxista con una sonrisa de disculpa y luego le dio un golpecito en el hombro a Lucas.

—No va a pasarte nada, idiota. ¿Para qué te tomaste lo que quedaba del vaso? —suspiró. Esta iba a ser una larga, larga tarde.

Cuando llegaron al edificio donde Gustavo rentaba su departamento, Pedro jaló a Lucas por el pasillo y tocó una vez. Habían hecho poco menos de media hora de camino, así que tal vez su amigo ya habría llegado.

—¡Ah, más justo imposible! —gritó Gustavo a espaldas de Pedro, llegando a la puerta. Tenía un pañuelo violeta enroscado al cuello y una chaqueta roja que llamaba bastante la atención—. Bueno, bueno, parece que somos varios. ¿Éste es el ebrio? —preguntó, señalando a Lucas.

—Este es el ebrio —confirmó Pedro—. Bueno… es… Lucas —agregó con timidez, sabiendo que Gustavo sabía quién era Lucas—. Lucas… él es Gustavo.

—No estoy tan ebrio —intentó defenderse Lucas, pero al segundo tuvo que sostenerse de Pedro porque se estaba cayendo—. Un gusto, Gustavo… —le tendió la mano, divertido-. Un gustavo… digo, un gustazo.

—Menos mal que no estás ebrio —respondió Gustavo, riéndose mientras le estrechaba la mano. Luego miró a Pedro con picardía y se dispuso a abrir la puerta.

Los tres pasaron al departamento y subieron por el ascensor hasta la casa de Gustavo. Entraron en una pequeña sala rosa, llena de discos apilados y almohadones de colores regados por el suelo. En las paredes podían verse cuadros de imágenes abstractas. El piso estaba cubierto por una alfombra verde lima y había pequeños sillones inflables para sentarse, individuales.

Gustavo pasó con dificultad por entre las cosas regadas por el suelo para llegar hasta la estrecha cocina y desde ahí les habló.

—No se asusten, mi casa no se los va a comer… todavía —puso agua a hervir en un jarro—. ¿Viste que pinté la casa, Pedro? Otra vez… Vos la conociste amarilla. Pero ya me estaba sofocando ese color, decí que soy amigo de la dueña del edificio y me dejó pintarlo si cuando me iba le pagaba la pintura blanca. Es un amor esa viejita, en serio…

—Sí, ya veo la… remodelación –respondió, mirando alrededor—. Es… diferente. Gracias por aceptarnos, no sé qué haría sin ti —le gritó desde la sala.

Mientras hablaban, Lucas se sentó en uno de los mini-sillones.

Pedro sólo estaba seguro de algo: nunca podría haber vivido con Gustavo. Su gusto era demasiado estrambótico para ser verdad. Se sentó junto a Lucas y lo miró.

—Necesitas acostarte y dormir.

—También quería pintar la cocina —continuaba Gustavo, imposible de callar dos minutos—. Pero le pareció que ya era mucho y no iba a poder pagárselo, así que lo dejamos…

Lucas miró a Pedro y luego cayó en la cuenta de algo.

—¿Es argentino? —le preguntó—. ¿Qué hacés con un argentino? —su acento era más curioso que inquisidor, pero por la forma en que fruncía el ceño parecía una esposa regañando a su marido.

Pedro decidió ignorar a Gustavo. Después de todo, pocas veces se daba cuenta cuando no lo estaban escuchando. Mejor decidió contestarle a Lucas.

—Sí, es argentino. Y… no sé —sonrió-.. Estudio con él. Me… —me recuerda a ti, iba a decir, pero se calló-. Es un gran amigo.

Lucas miró hacia la cocina. La voz de Gustavo seguía oyéndose como una radio.

—Habla mucho —dijo, sincero—. Me hace doler la cabeza.

—Perdón —respondió, realmente afligido—. No sabía a dónde llevarte, perdón, ven… —Pedro inclinó a Lucas hacia él y le tapó las orejas, en un intento por ayudar.

En cuanto Gustavo se callara, iba a pedirle que le prestara una cama para Lucas. Pero para que se callara…

—Y entonces le dije: “¿Cómo? ¡Eso no va a pasar nunca!” —Gustavo se acercó a ellos con una bandeja con una tasita rosa—. ¿Por qué le hacés eso? Soltálo, Pedro, un poco —espantó las manos de Pedro como si fueran moscas—. Vení bebé, tenés que tomarte esto -puso en las manos de Lucas la tacita rosa—. Cuidado que está caliente.

Lucas agarró la taza como pudo unos segundos y la olió.

—¿Qué es?

—Es un té especial de mi abuela.

—¿Qué tiene?

—No vas a querer saber —empujó la taza de Lucas por la parte de abajo y éste tuvo que empezar a tomar.

Pedro miró preocupado lo que se estaba tomando Lucas, pero decidió confiar en Gustavo. Después de todo, que él supiera, no había matado a nadie. Aún.

—¿Le prestas tu cama un ratito? No puede llegar así a su casa… ¿Estás bien? —le preguntó ahora al afectado.

—Sí, obvio mi amor, me extraña. Le presto lo que quiera —dijo, guiñándole un ojo a Lucas—. Además podemos hablar de muchas cosas, ¿hace cuánto que no ves a un argentino?

Lucas tragó lo que estaba tomando para hablar.

—Hace poco, porque tengo a mi mejor amigo en casa y…

—Ah, pero yo hablaba de otros, otros nuevos. Dale, termináte eso y Pedro te lleva a la cama —Gustavo palmeó el hombro de Pedro y lo miró con esa cara de “vas a tener que contarme”.

Pedro hizo un gesto de dolor, le regresó la tacita rosa a Gustavo y levantó a Lucas por la cintura para guiarlo a la recámara, donde lo sentó en la cama para luego agacharse y quitarle los zapatos.

—Trata de descansar Lucas…. Se me había olvidado que la zana… Enzo está en tu casa, ¿está bien si le hablo para decirle dónde estás?

Lucas pestañó un poco, todavía obnubilado.

—¿Cuándo te dije que el Colo estaba en mi casa? —ya había perdido el hilo de la conversación anterior —. Recién vino éste año porque está trabajando en un restaurante —buscó su celular y se lo dio a Pedro—. Buscálo por “Enzo Cel”.

—Acabas de decir que tienes a tu mejor amigo en tu… —sonrió –. Yo le llamo, pero tú acuéstate, ¿sí?

Pedro mismo le alzó los pies y lo acostó a lo largo de la cama, le acomodó la almohada y lo tapó con una sábana que estaba tirada por ahí.

—Cierra los ojos —le pidió y, olvidando por un segundo por qué no debía hacerlo, le acarició la cabeza nuevamente.

Lucas cerró los ojos y se relajó, le encantaba que lo tocara así. No quería dormirse porque cuando se despertara, Pedro no iba a estar, y después de esa situación embarazosa por la que estaba pasando sabía que después no iba a poder mirarlo estando sobrio.

Gustavo se asomó por la puerta e intentó hablar bajo.

—¿Cómo está el bello durmiente?

—Shh —pidió Pedro.

Siguió acariciando a Lucas unos segundos más, luego se levantó y cerró la puerta, para quedarse con Gustavo en el pasillo. Tenía el celular de Lucas en la mano y pretendía avisarle a Enzo dónde estaba, pero antes sabía que tenía una conversación pendiente con Gustavo.

—No es lo que estás pensando —dijo, antes que nada.

Gustavo sonrió.

—¿Qué se supone que estoy pensando? Uno puede ser amigo de sus exs y emborracharlos de vez en cuando…

Pedro se puso absolutamente rojo.

—Está trabajando con Álex… fuimos a comer y se le subió muy rápido lo que tomamos, es todo. Fue una coincidencia y un accidente, ¿ya? —Más que con Gustavo, Pedro tenía que justificarse para sí mismo.

—Entiendo, nene… —la sonrisa de Gustavo decía claramente que no creía una sola palabra de lo que Pedro decía—. Hay que dejarlo descansar ahora, vos relajáte y volvé a casa con tu marido —puso una mano en el hombro de Pedro y se lo masajeó—. Yo lo cuido hasta que se reponga y pueda volver a su casa…

—¡¿Cómo lo voy a dejar aquí solo?! —exclamó Pedro—. O sea, contigo -aclaró, con un gesto de culpa—. Pero es que no te conoce… y, y bueno, es mi culpa que esté así… M-me quedo un rato. Si no te molesta, claro.

Carajo, estaba nervioso y Gustavo lo iba a notar.

—¿Tenés miedo que abuse del chiquito éste? —Gustavo se rió—. Podría, pero sólo con tu consentimiento… tengo veinticinco años, la vida se me está pasando rápido —esquivó a Pedro, dirgiéndose a la cocina.

—¿Tienes veinticinco? —preguntó sorprendido—. Yo te echaba menos… P-pero el punto es que… ¡¡claro no creo que vayas a abusar de Lucas ni nada…!! Sólo… Nada, tienes razón, debería irme.

Se tiró en un sillón, con un suspiro pesado y con el celular de Lucas en la mano. Se vio tentado a revisarle los mensajes, a borrarle el número de Jan, a muchas cosas… pero sólo entró a la agenda, buscó la E rápidamente y marcó el número de Enzo.

Gustavo se asomó por la puerta de la cocina.

—No te había dicho mi edad, ¿verdad? ¡Mierda! Yo y mi bocota… —volvió a internarse en la cocina—. Estoy viejo, ¡pero no lo andes contando…! –se oyeron ruidos de lavar tazas —. Por cierto, ¿a quién llamás?

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Enzo terminaba su rutina de boxeo en el gimnasio cuando sonó su celular. Dejó de golpear la bolsa y se secó el rostro transpirado con la toalla que llevaba al cuello. Luego buscó su celular.

—¿Lucas? —preguntó agitado cuando atendió.

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Escuchar la voz del amigo de Lucas fue un golpe de pasado para Pedro. Por dos segundos en todo lo que pudo pensar fue en cuando él y Lucas eran novios, recién estrenados, y andaban por ahí escondiéndose de Enzo para besarse, para fajarse… para tener sexo por primera vez.

—No soy Lucas, soy Pedro… N-no sé si te acuerdes de mí…

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Enzo tardó unos segundos en procesar la información. Lo cierto era que lo que menos esperaba en aquel momento era que Pedro lo estuviera llamando. Le hizo gracia que preguntara si se acordaba de él…

“No, para nada, sólo fuiste parte de mis pesadillas un tiempo y quise hacerte en la parrilla varias veces, pero no, no sé quién sos”

Ningún amigo de Lucas podía olvidar la existencia de Pedro por mucho tiempo.

—Hey, Pedro, ¡qué sorpresa, tanto tiempo! ¿Pasó algo?

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—E-es una larga historia. Lucas me dio su teléfono para que te llamara. ¿Puedes venir por él?

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—¿Pero… es grave? ¿Dónde están?

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—No, no, no, no tiene nada grave. Se… se puso un poco borracho nada más, y no quiero que se vaya a su casa solo. Estamos en casa de un amigo, pero queda algo lejos de donde viven… ¿sabrás cómo llegar?

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—Eh… —Enzo tanteó en su mochila—. A ver, ¿tenés la dirección? —sacó una lapicera y un anotador de Reebok.

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—Sí, mira, está en la avenida…

Pedro le dio la dirección y le dijo cómo llegar en taxi, en camión, en metro, en metrobús y le hubiera dado instrucciones para llegar en avión aunque no fueran necesarias. No quería perder al amigo de Lucas en la ciudad y tener todavía más cargo de consciencia. Por mucho que lo recordara con cierto rencor.

—Te vas a tardar un poco, de todos modos, porque está lloviendo.

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—¿Está llovie…? —Enzo alzó la vista—. La puta madre… Bueno, oíme, no sé a qué hora te vayas, yo paso cuando salgo del gimnasio —lo cierto es que esperaba llegar de alguna forma porque con todo lo que Pedro le había dicho había quedado más perdido que orientado- -. ¿Vomitó Lucas? ¿Está descansando? ¿Quién es tu amigo?

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—Está dormido y, nada… ya luego ves a mi amigo cuando llegues. Y eh… ¿trata de no tardar mucho sí? Gracias y perdón por molestarte.

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—No, todo bien. En media hora estoy allá. Saludos, Pedro.

Enzo colgó y miró a su instructor de Kick Boxing, al otro lado del gimnasio.

—¡Ey, Hugo! Hoy me voy a tener que ir antes…

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—Perdón, Tavo —suspiró Pedro—. Le hablé al… amigo de Lucas para que venga por él. Dice que en media hora está aquí pero viene desde el sur…

—Ah, yo también vengo del sur —bromeó Gustavo—. Muy, muy al sur… pero tardé como veinte horas en llegar… —le tendió a Pedro un café—. Esperá a que pare la lluvia para irte al menos. Esperá a que venga el chico éste, yo ni lo conozco.

—Lo vas a conocer —rió Pedro —. Es pelirrojo y viajó veinte horas desde muy al sur también.

—Ah, mirá. Igual depende de dónde sean, ¿son porteños?

—¿Son qué cosa? —Pedro parpadeó y se le quedó mirando.

A pesar de haber convivido con Lucas y de ahora tener de amigo a Gustavo había muchas cosas que Pedro todavía no sabía o no entendía sobre los argentinos.

—Porteño, que viene de Buenos Aires. Yo soy del Chaco por ejemplo, soy chaqueño —Gustavo se hincó en el suelo, tanteando entre sus CDs de música.

Pedro sonrió ante las palabras nuevas.

—¿Pues yo soy chilango? —dijo, observándolo—.  Sí, son de Buenos Aires. Lucas, por lo menos, vivía ahí hasta que se cambió para acá…

—Claro, sí tiene pinta de porteñito —Gustavo buscó bajo un estante y tomó un Long Play para ponerlo en su reproductor de discos antiguo. Tenía uno sobre el reproductor de CD’s y tuvo que pasarle la mano para quitarle el polvo.

Pedro se rió un poco.

—Yo le veo cara de muchas cosas pero no sé si de “porteñito”. ¿Qué vas a poner?

—En realidad se distingue por los acentos… pero a ésta altura ya no sé ni qué acento tengo yo mismo —miró a Pedro sobre su hombro justo cuando empezó a sonar la canción.

Do you remember a guy that’s been
In such an early song

—”I`ve heard a rumour from Ground Control… Oh no, don’t say it’s true”. Es mi ídolo —Gustavo mostró orgulloso el estuche de cartón del Long Play viejo de David Bowie.

Pedro la verdad es que no sabía mucho de música en inglés, y sinceramente no entendía mucho el idioma tampoco, así que sólo procedió a encogerse de hombros y se sentó un rato en el sillón, al lado de Gustavo.

—Se oye bien.

—Claro que se oye bien —acarició el frente del estuche —. Y es el hombre más sexy del mundo —suspiró —. Si existiera un Bowie en mi vida mis problemas se terminarían —se sentó en el suelo, mirando a Pedro —. No voy a hacerte preguntas ahora porque sé que te tenés que ir. Pero me gustaría que charlaramos sobre ésto de que andes emborrachando a tu ex novio teniendo a tu marido en casa —sonrió con picardía.

A Pedro se le subieron los colores. Para disimular un poco movió el pie al ritmo de la música. Luego de un rato no pudo guardar más silencio.

—Ya te dije que no lo emborraché. Tomé lo mismo que él, pero se le subió… Somos amigos —agregó finalmente, escudándose sobre la plática que había tenido con Lucas.

—No sé, te veo muy atento con él —bromeó Gustavo. Realmente era broma porque no desconfiaba de lo que Pedro le decía —. Hablando de eso, ¿por qué no vas a ver cómo está? Si se durmió mejor.

Pedro se rió, algo incómodo.

—Sí, ahora voy —hizo una pausa—. Y claro que soy atento con él, como contigo y todos.

—No es cierto —murmuró Gustavo a modo de puchero y tomó nuevamente a David Bowie.

Pedro se levantó del sillón y acarició a Gustavo en la cabeza, revolviéndole los cabellos rosas.

—Claro que sí, no lo niegues.

Lo dejó acariciando a Bowie para ir hacia la habitación donde había dejado a Lucas. Lo encontró acostado como lo había dejado, parecía dormitar. Pedro iba a dejar el celular al lado pero se mordió el labio y guardó su número en él. Y ya que estaba, se marcó a su celular para que el número de Lucas quedara como llamada perdida, para guardarlo más tarde. Una vez terminado ese asunto, dejó el aparato al lado de Lucas en la cama y lo observó dormir.

El sueño de Lucas era profundo, como si no hubiese dormido en toda su vida. Roncaba un poco por la nariz, a causa del alcohol, pero su rostro se mantenía tranquilo y apacible. Su pecho subía y bajaba conforme ingresaba el aire a sus pulmones y lo exhalaba. A veces parecía decir algo entre murmullos, incomprensible.

Pedro se mordió más los labios. Se los estaba resecando. Tragó y miró la puerta. Se escuchaba ruido en la cocina. Le dio la vuelta a la cama y se acostó junto a Lucas, de lado para observarlo. Lucas respiraba lento, y Pedro… algo agitado a decir verdad. Alzó su mano y la pasó por Lucas desde su nuca hasta su cadera. Sin tocarlo… sólo sintiendo su calor. No debería estar ahí.

Lucas se movió de golpe, sin dejar de dormir. Masticó con la boca y agarró la mano de Pedro, para taparse con el brazo de éste como si fuera una frazada.

Pedro respiraba más fuerte, pero trataba de calmarse. Se acercó más a Lucas. Ahora lo estaba tocando irremediablemente y movió un poco sus dedos en su abdomen. Dios, qué abdomen tenía. Dejó de moverlos, mejor. Sus ojos se entrecerraron y acercó la nariz a su cuello. Aspiró el aroma de Lucas. No lo había recordado en ese tiempo pero ahora que lo olía era simplemente… tan Lucas.

La puerta se abrió entonces y se asomó por ella una cabellera rosada.

—¡Ja! ¡Así te quería agarrar a vos!

Pedro quitó la mano de golpe y sólo logró murmurar un “shhh”. Se giró en la cama, quedó de espaldas y se tapó el rostro con el torso de la mano.

—No tenías que asustarme así —murmuró.

Es tu consciencia, dijo una voz en su cabeza.

A pesar del escándalo, Lucas continuó en la misma posición que antes, en coma.

—No era mi intención interrumpir tu momento, perdón. Es que llegó el amigo de Lucas —informó—. Pensé que iba a tardar más.

Pedro se levantó como resorte. No podía creer que Enzo hubiera llegado tan rápido. Tal vez sí había tomado helicóptero. En todo caso, estaba salvado. Ni se atrevió a ver a Lucas otra vez y salió, sin ver a Gustavo a los ojos.

—Vamos que bajo a abrirte y de paso hago pasar a éste chico —dijo éste, tendiéndole a Pedro la mochila.

Pedro tomó su mochila en silencio y asintió.

—Gracias.

Efectivamente, Gustavo parecía su consciencia. Él mismo le había dicho que se regresara con su “marido”, ¿no? Y ahí es donde debía estar… Bajó las escaleras con él, algo acelerado y entonces se encontró frente a frente con quien años atrás había sido su pesadilla.

—Enzo.

Tras el vidrio de la vieja puerta de la pensión apareció un pelirrojo mojado de los pies a la cabeza.

—¡Y eso que vine en taxi! —exclamó con una sonrisa, mirándose como chorreaba—. ¿Cómo estás, tanto tiempo? No te saludo porque estoy empapado… —miró a Gustavo —. Enzo, encantado.

—Encantado —respondió Gustavo, de igual manera, sosteniendo la puerta.

Pedro medio parpadeó, pero no llegó a estar presente en el momento.

—Él es Gustavo. Ésta es su casa… Lucas está arriba. Él te lleva. Yo… ya me voy. ¿Le dices a Lucas que me mande un mensaje cuando llegue a su casa? Le dejé mi número.

Sólo se acordó de abrir el paraguas porque no quería que se mojara lo que traía en la mochila.

—Nos vemos —dijo a modo de despedida.

—Dale, suerte, Pedro —respondió Enzo mientras lo veía alejarse y espió el interior de la casa, sin animarse a pasar.

—Pasá, te vas a seguir mojando —Gustavo tomó a Enzo del brazo y lo trajo hacia adentro—. No importa si mojás…

Enzo parpadeó unos segundos y señaló a Gustavo con el dedo.

—¿No sos mexicano?

—Obvio que no, bebé —respondió Gustavo, cerrando la puerta tras de sí.

—Ya veo —respondió Enzo, sonriendo—. Bonita entrada —comentó mirando el vestíbulo antiguo.

—Y todavía no viste nada —respondió Gustavo abriendo la puerta del ascensor.

—¿De verdad? ¿Vos decís que se pone mejor?

Gustavo miró a Enzo un segundo, calculando, y le devolvió la sonrisa.

—Siempre se pone mejor… —y cerró la puerta del ascensor.

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Entry filed under: Tercera Temporada.

¡A cenar! — un fanfic de Spettro Ragazza (Pedro/Julio) Capítulo 12

9 comentarios Add your own

  • 1. Mónica  |  septiembre 20, 2010 en 3:07 am

    Como siempre un gusto leerlas niñas, estas escenas me encantan… Y aunque no puedo olvidarme de Julio, ver a Pedro y Lucas juntos me hace re feliz.

    Espero que esta tortura se termine pronto, sí, me torturan un poco cada vez pero se agradece.

    Gracias por escribir.
    Besos y abrazos para ambas

    Responder
  • 2. Zafy  |  septiembre 20, 2010 en 3:30 am

    Ya entiendo su plan malévolo, ¡Matarnos de ansiedad!, sí, eso es lo que traman, lo veo en sus miradas, no lo nieguen ¬¬

    Todo el tiempo me la pasé pensando que ahora sí iba a pasar algo más, que ahora sí que iban a estar juntos, (en toda regla, no lo que pasó en ese cuarto oscuro) y que luego Pedro iba tener cargo de conciencia e iba a dejar a nuestro querido Julio (sin sarcasmo, me cae bien, aunque he visto que no a todos), pero no, Pedro todo santo, como nunca, lo dejó en casa de un amigo y llamò a Enzo… Gruñido de frustración.

    Por otro lado, ese guiño de Enzo/Gustavo ¿Es lo que parece? Ah… sería lindo que Enzo se encontrase con alguien, porque él aún está medio enamorado de Lucas, y por un instante pensé que podía ser Crhis, pero ya que me lo sacaron de escena, (él, si no me caía), nos queda Gustavo, ¡Y es argentino! así que le va bien…

    Bueno, me han alegrado la noche, ya me iba a dormir temprano, pero me he quedado leyendo.
    Que tengan lindo día…

    Zafy

    Responder
  • 3. momiji  |  septiembre 20, 2010 en 6:33 am

    :D! que felicidad de leerlas 😛
    Ha! ya me imagino a Gustavo y Enzo juntos o algo así.
    Pobre Lucas, yo soy igual igual de malo para tomar y ugh, es terrible…aunque barato cuando vas a un bar 😛
    XOXO

    Responder
  • 4. Ami  |  septiembre 20, 2010 en 10:16 am

    ¿por qué nos hacen esto?
    paren de hacernos sufrir! ya junten de una vez a ese par de infelices para que retocen en paz.. no puedo creer que Pedro llegue a pensar por un segundo que podría ser amigo de Lucas, se aman demasiado, sudan atracción mutua, ya me gustaría a mi sentir eso con alguien ¬¬, sería bastante menos tonta que ellos… espero =P.

    Me gustaba más Enzo con Chris, creí que lo iba a reformar y todo, además tengo debilidad por las relaciones de amor-odio, son divertidas; pero supongo que Gustavo no está tan mal, falta que nos dejen conocerlo un poco más, estoy segura de que no es tan superficial como parece.

    Un beso muy grande! estaré esperando ansiosa el próximo capitulo!

    … Ami

    Responder
  • 5. HARUKANA  |  septiembre 21, 2010 en 9:29 pm

    eso pasa por leer en el sh. ¬¬

    vuelvo de las vacaciones dieciocheras (que no estuve de vaca sino trabajando, pero esa es otra historia) y lo primero que leo en mi correo “Actualizacion de AOMG” y yo, genial, corro a leerlo!!

    pero leo el primer parrafo y no me hace sentido, luego miro bien y pone Cap 11.

    capitulo once?? pero si voy en el 9…

    bue… mejor asi, tengo dos capis para leer en vez de uno ^^.

    me llevo ambos capis para casita, no bien los lea les dejo el respectivo comment.

    bxs wapas!!!!

    Responder
  • 6. HARUKANA  |  septiembre 23, 2010 en 8:09 pm

    aqui hay aroma a beso… me falta el beso, como que no hubo beso!!!!!!!!!

    si, Lucas y su ideota del año, ser amigo de Pedrin. en que carajos estaba pensando??? tanto meterse cosas le jodio el cerebro??? como se le ocurre pensar que puede ser amigo de Pedro si le basta estar cinco minutos con el para ponerse como cuba porque no encontro otra que hacer que tomarse hasta el aguia del florero, porque claro, era eso o echarsele encima. yo sinceramente me le hubiera echado encima. pero claro, no quiere joderla…

    que lindo verlos juntitos, con pedro a su lado, cuidando su borrachera. y lucas que busco su abrazo. awn!!! que cosa mas tierna.

    por cierto, ahora enzo me esta empezando a caer mejor (en serio, no lo podia ni ver, es que, era insoportable con mi querido pedro)
    lastima por Julio, no es mal tipo, solo tuvo la mala suerte de meterse con alguien que ya estaba tomado.

    espero con ansias el proximo chap

    bxs y cuidense!!!!!!!

    Responder
  • 7. Diva  |  octubre 3, 2010 en 2:50 am

    Dioooosss cuanta tensión y ansiedad dejan en sus lectores!!!
    Que malignas!! TT.TT
    El capitulo estuvo genial! me encanto que ahora fuera pedro quien se preocupara por luke…y la escena de la cama…que linda! Si se aman!! yo lo se! ellos lo saben! Tod@s los lectores lo sabemos!!!!
    Diganlo ya, que me va a dar un ataque o algo!!!
    Espero leerlas pronto! siga así!!!

    Responder
  • 8. LULY  |  octubre 20, 2010 en 7:17 am

    OMG!! Desde el principio casi muero de amor!! “eres hermoso” mueroooo!! Jajaj!!

    Y los dos tan coloraditos!! Lucas se ve tan melancólico! Y Pedro no hace mas que viajar al pasado… se ven hermosos juntos, pero el aire se respira tan triste xd!

    Me da la sensación de que, más que el hecho de engañar a Julio, Pedro se siente culpable por estar en pareja, por estar bien, le da culpa decirle que su novio es el “doctorcito” como lo llamaba Lucas; siente que se lo va a tomar a mal… cuando la realidad es que cualquier novio le jode a Lucas. (auqnue yo a Julio no me lo banco xd!)

    Por otro lado, que Lucas insista tanto con el quiero que seamos amigos, no se lo cree nadie xd! Jamás podría ser amigo de Pedro, aunque como estrategia para mantenerlo cerca creo que sirve… al menos por ahora; pero creo que va a ser muy doloroso para él, si intenta sostener esa postura, y un verdadero calvario para Pedro.

    Me causa gracia que Pedro no se de cuenta que Lucas siente lo mismo que él, o quizás hasta más! Pedro idiotaaaa!!!! Jeje!!

    Me mata verlos así! Tan tristes xd! Pero me parece que Lucas lo está pasando peor, tan melancólico y a punto de llorar! Y con tantas ganas de contarle todo lo que le pasa. El alcohol te afloja la lengua, es verdad, pero la pena de Lucas va mucho más allá.

    Maldita lluviaa!! Quiero que llueva para siempre y que se queden los dos juntos en ese bar atemporal jajjajj!!

    Jooo!! Imagen patética como pocas, que tu ex, del que todavía estas enamorado hasta la médula, te lleve al baño a vomitar tu borrachera para después poder irse a su casa con su novio. POBRE LUCAS!! HORRIBLEEE!!

    Waaa!! Ronroneo yo también jajjaja!! Y tanto que a Pedro le gusta su cabello! Tan lindos!! (sacando el vómito ajaja!) Pedro lo trata como si fuera una cosita frágil y el otro va y le dice “me excita” wooww babassss !!

    Pero la verdad que Pedro un divino, como lo cuida y le busca un taxi, y termina llevándolo a lo de su amigo…

    Gustavo… Omg!! Otro bombón!! Ése tiene que ser para el colo jajajaj!! Ya que Chris desapareció del mapa…

    “Que haces con un argentino?” juajuajua!! Celos por el fetiche de Pedrito?

    Tavo es un dulce de leche! Un poco mariposita (por no decir bastante) pero muy cute xd! Me encanta!! Tal vez termine siendo un aliado para que se reconcilien…

    Me matan de amor los dos!! Como Pedro se acuesta a su lado, y lo “acaricia” en el aire, ese gesto, siempre me parece un gesto de amor y devoción total! Pura ternura…

    La cara del colo cuando le escuchó la voz a Pedro fue un momento kodak jajjaaj!! Pero parece que es tema superado, y espero que ahora se lleven mejor xd! El colo cambió tanto!! Quiero que se quede con Tavo jajajaj!! Si ya vuelan chispas xd!

    Morí de risa con la huida de Pedro cuando llegó el colo, no le alcanzaron las patas para correr jajjaj!!!

    Chicas está increíble!!!! Son tan geniales!! Es buenísimo ver como pasa el tiempo y ustedes no pierden la frescura y originalidad. Un placer leerlas!!

    Me voy al otro!!

    Besotes!!

    Responder
  • 9. Amaly_Malfoy  |  septiembre 12, 2011 en 1:35 am

    Muy buen capitulo, mira que el pobre de Lucas se ha enborrachado, de plano no le conviene estar cerca de Pedro… o será más bien que estando cerca del moreno sus defensas bajan al minimo? como sea, ha sido grato que Pedro sienta cositas, deseo reprimido tal vez al ver asi a Lucas, pobre Julio, solo espero que Pedro logre aclarar lo que realmente quiere y no lastime al doctorcito, al menos no tanto.
    Y bueno, Enzo y Gustavo como que hicieron clic, aunque en definitiva que me gusta la idea que Lucas le gane la apuesta a Enzo.

    Responder

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